Un día oí decir a alguien que la felicidad es la ausencia de miedo. En su momento no lo entendí. A día de hoy he hecho mía esa frase y estoy aprendiendo a vivir sin el libro de instrucciones; pues no hay más cojones que vivir improvisando. Quizás la vida sólo sea perseguir instantes que mueren; pero prefiero pensar que la vida son los momentos que mato yo, y no los que quemo sin vivir, que se quedan en un simple anhelo.

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