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miércoles, 29 de mayo de 2013




  A veces vivir no es lo que parece. Odio toda esa mierda del <<Carpe diem>> y de a quien madruga Dios le ayuda...Odio los silencios incómodos y las guindas de los pasteles. Me gusta discutir contigo porque siempre llega ese punto justo en el que me dices que me amas y yo me río como una tonta. 



A veces somos como el norte y el sur y otras simplemente, pierdo el norte buscando la cara sur de tu sonrisa. Si me buscas me encuentras...porque no suelo estar a menos de 10 centímetros de tu boca. Somos el uno para el otro porque  siempre que me despierto ya tú has levantado para ver salir el sol por la ventana y compararlo con el gran milagro que te supone mi existencia...mi sonrisa.



 Me encanta mirarte a los ojos y verme reflejada en ellos. Un reflejo minúsculo comparado con la grandeza que conformas tu, tu en si mismo, en este mundo de mierda. Eres mi punto débil, ese que me hace ser fuerte. Te miré y, joder,se hicieron realidad mis sueños. Después fue aún peor soñarte, porque cuando desperté y no vi tus ojos posados en mis pestañas, sentí la perdida de este corazón cansado. Te entregué la fe infinita del que aún creé en cuentos y princesas. Vendí mi alma al diablo por una jodida máquina del tiempo, con la que paré mi vida y la tuya para siempre, en el minuto 18.





 Soñé que fuimos felices y comimos lombrices; y es que sabes que tú y yo siempre fuimos un tanto raros. Una vez me preguntaron, que qué esperaba de la vida. Yo dije que a ti. Me amarré con cadenas a las puertas de tu corazón para reclamar mi derecho a sentir que tu piel es mi piel. Mi boca pide a gritos las cosquillas de tus besos. Mi cuerpo llora tu cuerpo. Necesito la electricidad de nuestros roces: esos que me catapultaban a la gloria. Necesito la necesidad de necesitar amarte, y silenciar mi corazón atormentado entre los fieles besos de tu alma.


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